Y esto se aplica hoy, sin dejar el correo.
De las diez técnicas de estudio que la investigación ha evaluado a fondo, solo unas pocas resisten. Estas tres sostienen el método — y lo que casi nadie explica es cómo se ejecutan.
Recuperación activa
Sacar la información de tu cabeza sin mirar los apuntes fija mucho más que volver a leerla. Producir la respuesta, no reconocerla.
Cómo se hace: Cierra el tema, coge un folio en blanco y escribe todo lo que recuerdes. Solo después abres los apuntes, y en rojo apuntas lo que faltaba. Ese hueco en rojo es lo que tienes que repasar mañana.
Repaso espaciado
Repartir el mismo tiempo de repaso a lo largo de los días retiene más que concentrarlo la víspera. Mismas horas, distinto resultado.
Cómo se hace: Un tema que estudias hoy se repasa al día siguiente, a los tres días y a la semana — diez minutos cada vez, no otra sesión entera. Se planifica al terminar de estudiarlo, no cuando te acuerdas.
Efecto test
Ponerte a prueba no solo mide lo que sabes: lo consolida. Autoevaluarte es estudiar, no comprobar si has estudiado.
Cómo se hace: Convierte cada epígrafe en una pregunta antes de estudiarlo y respóndelas al final en voz alta, cronometrado. Si no puedes explicarlo sin leer, todavía no lo sabes: lo reconoces.
Dunlosky, Rawson, Marsh, Nathan y Willingham (2013). «Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques». Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. Ver el estudio ↗
Esto vale para todo el mundo. Cuál de las tres es TU prioridad, no: eso lo dice tu diagnóstico.